PSA Peugeot Citroën compra Opel

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Recientemente grupo PSA, el fabricante francés de Peugeot y Citroën ha comprado Opel. La incorporación supone la incorporación de diferentes plantas de montaje de Alemania, Gran Bretaña (aquí Opel de vende como Vauxhall) y España.

¿Qué significa esta venta? Las consecuencias de esta decisión las vamos a ver en la industria global del automóvil. La compra por parte de PSA le ha salido barata, 1.300 millones de euros por la compra de Opel-Vauxhall y 900 millones por la financiera, que además va de la mano de BNP-Paribas.

General Motors, en otra época primer fabricante del mundo, deja de ser un fabricante global. Actualmente competía por el podio con Toyota y Volkswagen, seguido muy de cerca por Hyundai-Kia, la alianza Renault-Nissan y Ford. A partir de ahora GM renuncia a un mercado, que aun con sus peculiaridades (gustos específicos, motores, regulación, competencia), continúa teniendo un gran volumen y su rentabilidad es manifiesta. La presencia queda reducida a coches exóticos de Chevrolet y Cadillac. Veremos en 2017 donde queda GM sin Opel. Se admiten apuestas.

Por otra parte GM pierde los vehículos de Opel que vendía en otras latitudes con denominaciones diferentes como son Buick o Holden. PSA-Opel continuará con el suministro a GM mientras dure la vida comercial. Hasta cuándo durará esta situación. Creemos que a medio plazo son marcas condenadas a la desaparición.

PSA se convierte de esta forma en el segundo fabricante europeo, si bien habrá que estar atentos a los problemas que van a generarse con el Brexit.

Opel + PSA suman 21 fábricas en Europa. Demasiadas para un fabricante de este tamaño. Hyundai ni de lejos llega a este número de fábricas, y sigue siendo un grande.

En España, el nuevo fabricante tiene tres plantas, Vigo, Figueruelas en Zaragoza, y la de Villaverde en Madrid. Ésta última, siendo la más pequeña, no produce los suficientes C4-Cactus para ser rentable. O le asignan nuevos modelos o es la que más difícil tiene su continuidad. Las plantas de Luton y Ellesmere, en Gran Bretaña, como mucho sobrevivirán como una forma de fabricar de forma local si los aranceles post-brexit suben más de la cuenta.

Parece que para los fabricante de automóviles el momento de las fusiones ha llegado. Sergio Marchionne, CEO de Fiat, se pone en el punto de mira de General Motors y/o Volkswagen. Da la impresión en los últimos tiempos de estar más interesado en vender que en gestionar la firma italiana.

A parte de los grandes fabricantes, y aquellos independientes y consolidados como Mercedes, Mazda o BMW, quedan nuevos jugadores: los fabricante chinos tratan de infiltrarse en los mercados occidentales (a través de compras, como el caso de DongFeng con Peugeot o Geely con Volvo), sin olvidar a Tesla, que sigue triunfando a pesar de sólo contar con dos modelos actualmente.

Si a este panorama añadimos otros desafíos del mundo del motor como la transición a mecánicas que no utilizarán combustibles fósiles, como electricidad e hidrógeno, o los cambios en los gustos y el modo de utilizar los coches, nos sería de extrañar que muchos fabricantes optasen por la fusión para convertirse en grandes, ahorrar costes y abordar los nuevos desafíos de una posición más ventajosa.

Y finalmente, aunque debería ser los primero que deberían haberse cuestionado ambos fabricantes, hay que ver si las fusiones son buenas para el consumidor, que se encuentra con menor número de productores y con productos muy similares. ¿Se traducirá esta nueva situación en mejores precios?

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